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domingo, 5 de mayo de 2013

Día 5: Estambul asiática


Hoy visitamos Estambul asiática. Tomamos el ferry en Kabatash para cruzar el Bósforo usando la tarjeta de transporte. Cada media hora, salen barcos y en aproximadamente 20 minutos se llega.
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Los turistas visitan fundamentalmente dos municipios: Uskudar y Kadikoy.K1024_DSC_1091


Apenas bajamos del ferry, en Uskudar, nos encontramos con una feria de pescados, frutas y productos frescos, donde nos compramos el almuerzo.


Nos habían dicho que el lado asiático, no turístico y residencial, era más tranquilo, pero a nosotros nos pareció bastante movido y lleno de gente.

Las callecitas también son empinadas, angostas y sin veredas y el tránsito es tan caótico como  del otro lado.
Fuimos al paseo marítimo (para mí es lo más lindo), a orillas del Bósforo, sentados en un banco comimos mirando la hermosa vista: Estambul europeo se delimitaba en el horizonte, las mezquitas, sus minaretes, las gaviotas volando. A un costado se levantaba el inmenso puente por donde pasaban los autos de un continente al otro. Grupos de hombres pescaban, la gente iba y venía, parejas de la mano, mujeres vestidas con  pañuelos en la cabezas y otras con los tapados negros, largos y la cara semitapada.  


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Uskudar es un municipio residencial, formado por varios barrios que están abarrotados de mezquitas. Nosotros decidimos sólo visitar la más antigua de Estambul y preferimos caminar por sus calles.

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Luego nos tomamos un dolmus para ir a Kadikoy. El Dolmus es una traffic, que hace de taxi colectivo, de color amarillo, en la que viajan alrededor de ocho personas. Cada uno le paga al chofer su boleto, que es un poco más caro que un bus y más barato que un taxi, Su recorrido y paradas están preestablecidas. Fue una experiencia increíble viajar en un coche, si como peatón es difícil el tránsito, siendo parte del mismo ni les cuento. De repente el auto se cruzaba a otro carril, en una autopista, como si estuviera solo, parecía que íbamos de contramano en una calle o que estábamos a punto de pisar a alguien o chocar con el tranvía.
Llegamos a nuestro destino. Es decir, el dolmus nos dejó en algún lugar: la ciudad se encontraba dividida en dos por una reparación en las vías del tren. Nadie sabía indicarnos, nadie hablaba inglés, Estaban tan desubicados como nosotros, hasta que un señor, sumamente amable que hablaba inglés  se ofreció a acompañarnos y cruzar con nosotros. Empezamos a caminar por el interior del barrio, viendo sus casitas, la gente. Confieso que a mí me agarró un poco de miedo, pero por fin llegamos a una zona comercial y, como en toda zona céntrica, hay cafés, restaurantes, negocios, calles peatonales. Compramos en un supermercado las famosas tacitas de té turcas.
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Luego caminamos al puerto de Kadikoy a tomarnos el ferry de vuelta, pasando por una inmensa plaza, donde había una manifestación. Esta vez decidimos ir a  Eminonu, nuestro hotel quedaba más cerca de allí.


Durante el viaje de vuelta vimos la Torre de Leandro o de la Doncella, otra atracción turística frente a Uskudar, la estación de trenes de Haydarpasa, frente a Kadikoy y otra vez las gaviotas a nuestro alrededor.
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Terminal de trenes de Haydarpasa               Torre de Leandro

Necesitábamos sentarnos antes de seguir. ¡Y qué mejor que un té con cosas ricas turcas!. Elegimos una confitería llena de almohadones en le piso para despatarrarnos y reponernos.

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Con más energía continuamos y fuimos al final del Hipódromo donde queda el Bazar Arasta. El bazar fue construido junto a la Mezquita Azul como fuente de ingresos. Cuando construían una mezquita, al mismo tiempo, preveían  su manutención.
K1024_DSC_0127Este bazar es más lujoso y tranquilo que el Gran Bazar. Tiene negocios más lindos, finos y mejor puestos.
Cansadísimos finalizamos el día.

Dia 4: Palacio Topkapi

 
Hoy empezamos nuestro día visitando el Palacio Topkapi, que es el lugar donde vivían los sultanes hasta que se mudaron al Palacio Dolmebache.
El palacio se encuentra en el barrio de Sultanahmet, atrás de Hagia Sofía. Está dividido en cuatro patios en donde se abren las diferentes salas y recintos. El primer patio era abierto al pueblo, cualquiera podía entrar allí. El segundo estaba destinado a las cuestiones del Estado, cocina y servidumbre, los dos restantes eran privados: el tercero servía para recibir a personalidades importantes, como embajadores, reyes y, el cuarto, para la familia. Hoy el Palacio es un museo. .

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Para entrar debimos atravesar una imponente puerta perteneciente a la muralla defensiva que lo rodeaba. Caminamos por unos jardines a orillas del Bósforo hasta que llegamos a las ventanillas para sacar las entradas, bastante caras. Este sector pertenecía al primer patio.                       
Con las entradas en la mano, cruzamos otro pórtico que nos condujo al segundo patio o al palacio propiamente dicho. Allí se encuentra la cocina, las habitaciones de la servidumbre y de las cientos de personas que trabajaban allí, panaderías, donde se producían los aceites, un Hamam o baño turco, una mezquita para el personal, salas donde el sultán se reunía con los visires y administrativos. 
 
En el tercer patio encontramos salas lujosísimas con tronos de oro y piedras para que el sultán recibiera embajadores, visires importantes del Imperio y celebrara actos, desfiles, juramentos y reuniones de consejo. Si bien hay numerosas bibliotecas, en este sector se encuentra la más grande y linda. La escuela funcionaba allí.. 
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Hoy muchas de las salas exhiben muestras:
Es muy interesante la sala de las Reliquias, aunque me sonó un poco difícil de creer. Se podía ver la vara de Moisés, la misma que habrá usado para abrir las aguas del Mar Muerto, o el turbante que vistió José, o el tazón del cual bebió Mahoma, su ropa, su pelo, su diente, o las túnicas que usaron sus padres, entre muchas otras cosas increíbles. 
La sala del tesoro del Imperio empalaga de tantas piedras preciosas de tamaños nunca vistos y oro. Hay un diamante como una pelota de golf y se puede ver el puñal Topkapi, Impresionante!!!
En la sala de la vestimenta se encuentran las túnicas, muchas bordadas con hilo de oro,  que vestían los sultanes.Estas camisas eran rellenadas con plumas para hacerlas gigantes y que el sultán fuera el más grande de todos e inspirara respeto y, porque no, miedo. Además de protegerlo hasta de la muerte. Tocados, turbantes,sombreros y alhajas, todo rebalsaba en piedras y oro,
También hay una sala de relojes y otra de armas.
El último patio, en realidad lo forman varios jardines, poseen escaleras de mármol, fuentes y una vista hermosa hacia el Bósforo y al Cuerno de Oro.  Esta sección lo constituyen los lugares de recreación, deporte y descanso. Sus paredes se encuentran revestidas con bellísimos azulejos, característica  tradicional de la arquitectura turca. Llama la atención la sala de la circunsición con dibujos de  Maguen David. Y como en toda Turquía no podía faltar la mezquita para la familia. Al visitar el cuarto del bebé entendí lo que significaba “Nacer en cuna de oro”.
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EL HARÉN
Para entrar al Harén había que pagar otra entrada. El harén es un complejo de salas, patios interiores y baños. Allí vivían los eunucos negros, los esclavos,las concubina, hijos y esposas  del sultán, su madre y príncipes.  El sultán poseía cuartos privados en una zona especial.
En el Imperio Otomano no había heredero sino sucesor y era nombrado entre cualquiera de los hijos del sultán. La madre del sultán o reina madre se encargaba de mediar entre los hijos y mujeres del harén y el sultán. Era muy importante caerle bien a la suegra real. Ella tenía el poder y la decisión en el Harén. 
Desde edades tempranas, mujeres bellas e inteligentes eran traídas de los alrededores para conformar el Harén. Eran educadas con el régimen del palacio. Si lograban acostarse con el sultán y, además, tener un hijo se transformaban en esposas, y en ese momento debían hacer política con la suegra para ser la favorita y que su hijo sea el futuro sultán.Así ellas también tendrían poder en el futuro.   
 
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Luego de varias horas en el palacio, fuimos al hotel por un tecito y una siesta, para juntar fuerzas para ir a Taksim de noche.
Está vez tomamos el tranvía y nos bajamos en Kabatash (final del recorrido), y de ahí, el funicular (está incluido en la tarjeta de transporte) , que nos subió a la plaza Taksim.
Taksim es muy animado de noche, cominos allí, caminamos mucho, es seguro y limpio. Cada dos por tres pasa un camión de limpieza. Pero lo más lindo de ver son las gaviotas que vuelan alrededor de los minaretes que están iluminados: sus panzas reflejan la luz blanca dando un efecto hermoso. 
Ya tarde dimos por finalizado nuestro cuarto día en Estambul.


























Día 6: Palacio Dolmabahce

 
Hoy era el último día en Estambul y queríamos ver el Palacio Dolmabahce. Lamentablemente hubo cosas que no pudimos visitar, como el museo de Arqueología o el museo de Arte Islámico y Turco o la fortaleza de Rumelí o la Iglesia de Chora con sus frescos bizantinos.  la próxima visita será.
Nos dirigimos al Palacio en tranvía, a Besiktas. Caminamos un par de cuadras y nos encontramos con un edificio imponente, más parecido al palacio de una corte europea que a una turca. De cualquier manera, la mejor vista del Palacio se ve desde el barco, navegando por el Bósforo.
 
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Antes de ingresar se levanta la Torre del Reloj. Además del reloj, poseía un barómetro, una rosa de los vientos y un termómetro,  que informaba a los habitantes de las condiciones del clima.



Entramos al palacio por una puerta grandiosa y muy trabajada.
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Jardines, fuentes, lagos y pavos correteando por el pasto nos recibieron.
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Dolmabahce fue la sede administrativa del Imperio Otomano y  lugar de residencia de los sultanes cuando se fueron de Topkapi. Construido entre 1842 y 1856, su arquitectura, una mezcla de barroco, rococó, neoclásico y un poco de otomano, reflejó la nueva política turca que miraba hacia Europa.  
Ataturk también residió allí cuando ya estaba enfermos y murió en una de sus habitaciones. Hoy, además de ser un  museo, se lo usa para ceremonias importantes o recibir algún rey, embajador o presidente. 
 
No nos dejaron sacar fotos, o sea que espero acordarme de cada detalle: la araña más grande del mundo de cristal de Bohemia  -regalo de la reina Victoria-, las balaustradas de cristal de la escalera, una cantidad impresionante de candelabros, jarrones, cuadros de artistas turcos muy reconocidos, más arañas de cristal, la alfombra mullida por la que caminamos con bolsitas en los pies, los salones ceremoniales con techos pintados y adornos de oro, estufas al estilo Versalles, bibliotecas, salones de música, de estar, de baile y decenas de salas para hacer lo que se le viniera en gana al sultán.   
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Pasmos varias horas en el palacio y luego nos fuimos a recorrer Beksitas, un barrio glamoroso, con negocios de diseño, ropa, restaurantes y cafés. Comimos allá un shwarma ríquísimo.  .
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Al regresar, nos quedamos en la plaza de nuestra Mezquita Azul mirando su gente y de “cacería fotográfica”, aunque en aquel momento ya teníamos más de mil fotos. Estambul es una ciudad muy fotogénica.

















sábado, 27 de abril de 2013

Estambul, su gente


Imaginamos, desde este rincón perdido del mundo, que en Turquía uno se va a sentir incómodo, que es lejano a su gente, que las mujeres no pueden ir solas, que deben estar tapadas, que es inseguro y de temer. Pero para mi sorpresa me sentí confortable caminando por la calle entre personas, que sí tienen otra cultura, pero que son amables, cálidas, se desviven por ayudarte. Hubo gente que cambió su dirección para mostrarnos un camino o nos acompañó durante varias cuadras. En cuanto a la seguridad personal se puede andar por la calle tranquilo, sin problemas, incluso de noche, ni siquiera tuvimos la sensación de correr peligro alguno cuando nos perdíamos en zonas no turísticas.
En cuanto al idioma no entendés nada de turco, tratas de arreglarte en inglés, pero no todos lo hablan, y cuando lo hacen, tienen mucho acento. De cualquier manera, era muy común que te preguntaran Where are you from? Y cuando contestabas Argentina, automáticamente sonreían y te decían ¡Messi! ¡Maradona!, ídolos absolutos,  o se sabían la formación del Barsa, que recitaban de memoria con todos los argentinos que lo integran. 
En esta ciudad, incluyendo los suburbios, viven unas veinte millones de personas, en su mayoría musulmana. Aunque la República de Turquía se dice un estado laico, la religión ocupa una gran parte de la vida cotidiana de sus habitantes. Por lo general, los religiosos más fundamentalistas son extranjeros de otros países árabes. Los rezos son una parte importante en la vida de Estambul. Se musicalizan cinco veces al día: 5 a.m., 12.30 p.m., 15.30 p.m., 17.30 p.m., 19.30 p.m. Hay cientos de mezquitas que llaman a sus fieles por altoparlantes. A pesar de no tener reloj, sabíamos la hora a través de los rezos, que se escuchaban acoplados al ruido propio de la ciudad.

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Antes de rezar, poseen un ritual que consiste en descalzarse, lavarse los pies y la cara para lavabos de mezquitaspurificarse, arrodillarse sobre una alfombra y, después de todo eso, rezar en dirección a la Meca.
En todas las mezquitas existen filas de lavabos de mármol para cumplir con la purificación, incluso se encuentra canillas dispersas por la ciudad. Yo no vi ninguna mujer que lo hiciera. La gente puede también rezar en el trabajo o en la casa: extienden una alfombra y se arrodillan sobre ella.
En la religión, subsisten todavía diferencias entre el hombre y la mujer. Los hombres rezan en el medio de la mezquita, en un lugar alfombrado y espacioso. En cambio las mujeres lo hacen atrás de un biombo, en un lugar chiquito y oculto.
El profeta supremo es Mahoma, aunque consideran también profetas a Jesús, Abraham, Isaac, Iaakob, José, Moisés. Es extraño leer las versiones de sus historias porque son iguales a las del antiguo testamento, pero los protagonistas son personas que dieron origen al islamismo.Por ejemplo el sacrificio de Abraham es con Ismael en vez de Isaac. El lugar sagrado es la Meca, en Arabia Saudita;  también Jerusalém, es allí donde Mahoma subió al cielo. 
Aunque se pueden ver mujeres vestidas al estilo occidental,  muchas usan ropa de acuerdo a las tradiciones musulmanas. Los atuendos varían según el grado de religiosidad: hay algunas con pañuelos de colores haciendo juego con el jean de moda, hay otras que llevan vestidos y tapados largos hasta los pies, mientras que las más religiosas, visten de negro, con ropa holgada y la cara cubierta. Los hombres no llaman la atención en absoluto, salvo ocasionalmente que se puede ver alguno con túnicas o sacones largos y gorros turcos.

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Cuando se habla de turco en seguida viene a la mente la venta, el negocio, el regateo. Y no es un rumor. El comercio es su vocación. Venden todo el tiempo.Está en su naturaleza. No escatiman esfuerzos para captar tu atención, luego de ello, quieren tu tiempo, que entres a su tienda, que mires el menú, que toques la ropa, que te pruebes. Si no logran venderte, se despiden con un "May be tomorrow", dejando abierta la puerta para que vuelvas.
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El té es como nuestro cafecito, se toma en cualquier momento y lugar, mientras se trabaja, entre amigos, en confiterías con mesitas y sillas bajas como mobiliarios de jardín de infantes o tirados sobre almohadones. Se usan unas tacitas de vidrio muy típicas que tienen la forma del cuerpo de una mujer, con sus redondeces y curvas.

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Me llamó la atención los grupos de hombres, cinco, seis o más, que se juntan  a cualquier hora del día, a fumar narguile, a jugar backgamon o algún juego de mesa o, simplemente, a caminar. A Fabián lo invitaron a jugar en un bar.


Cuando se habla de Turquía no pueden faltar los ojitos para espantar el mal de ojo ni el narguile.
Los ojitos los encontramos por todas partes:lo vimos pegados en las balanzas para pesar las avellanas asadas, en  negocios, en los umbrales de las puertas de hoteles, los ponen en vez de moñito en un regalo, incluso en Taksim, incrustados en el suelo de la calle.
Con respecto al narguile, hay negocios especiales que los venden, se lo puede pedir en bares y restaurantes. El sabor es muy rico y no tiene nada que ver con el cigarrillo. Son hojas de tabaco especiales mezcladas con melaza y saborizadas con frutas. 

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¡Es hermoso caminar por la calle o sentarse en una plaza a sentir el ritmo de la ciudad y conocer a su gente!
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